Manos, bazar en tierra de nadie, Tayikistán-Afganistán

Nunca antes había dado la mano a una persona con la piel tan áspera y dura. En Afganistán las infraestructuras son muy precarias o inexistentes. Los medios de transporte más habituales son el burro y el caballo, aunque por los caminos más difíciles -estrechísimas sendas talladas en la roca y precarias pasarelas construidas con troncos y ramas- solo se puede pasar a pie. Esos caminos vertiginosos siguen siendo los mismos que encontraron los exploradores británicos y rusos a finales del siglo XIX.
Entre 1917 y 1930 más de medio millón de tayikos cruzaron el río Oxus hacia Afganistán para escapar de las guerras, las hambrunas y la opresión política de los sóviets. Según relata Gul Muhamad, “Los rusos nos robaron nuestras casas y nuestras tierras. No tuvimos otro remedio que marchar. Entonces yo tenía cinco o seis años. Con varias pieles de vaca los mayores construyeron una balsa, y por la noche cruzamos el río. Cuando salió el Lucero del alba ya estábamos en Afganistán” (relato de Monica Whitlock, en Tajikistan and the High Pamirs, de Robert Middleton y Huw Thomas.
En 1979 los emigrantes tayikos vieron como los tanques soviéticos cruzaban el Oxus hacia Afganistán. Nuevamente se vieron obligados a dejar sus casas y huir de los bombardeos enemigos. Muchos se dirigieron a Pakistán, donde se establecieron en campos de refugiados junto a cientos de miles de afganos. En junio de 1984, en el campo de refugiados Nasir Bagh, cerca de la ciudad de Peshawar, Steve McCurry inmortalizó en un emotivo retrato a Sharbat Gula, la “Niña afgana”. Un año después, las páginas de National Geographic dieron a conocer al mundo uno de tantos desastres humanitarios que avergüenzan al mundo. Años más tarde, algunos refugiados regresaron de nuevo a Afganistán, solo para volver a huir cuando los talibanes se hicieron con el poder en 1997.
Entre los tayikos, muy pocos regresaron a su tierra natal. Uno de ellos fue Nurullah, amigo de Gul Muhamad. Tenía tres años cuando cruzó el río y era un anciano el día que volvió a pisar Tayikistán después de la caída de la Unión Soviética. “Fue maravilloso, incluso el heno parecía de oro”, recuerda.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s