Mineros de Potosí

Entre los signos XVI y XVII, la Casa de la Moneda enriqueció a la Madre Patria con ingentes cantidades de plata extraída por esclavos indígenas y africanos. Hoy es un bello museo que recuerda tiempos pasados de gloria y abuso.  El expolio de la Corona española y la mala gestión de los sucesivos gobiernos desde la independencia han cambiado mucho las cosas. Ahora, de las minas de plata de Cerro Rico solo se extrae miseria, desesperación y muerte. 8 millones de personas han muerto en el interior de las “minas del diablo”.
Un túnel angosto y oscuro me introduce en el pasado. Huele a azufre y a humedad. Varios hombres y niños, en silencio, pican piedra durante horas. El aire resulta difícil de respirar. Calor, sudor, ruido, mucho ruido. El polvo me cubre por completo. A más profundidad, lejos de la vista, las condiciones son todavía peores.
Los niños que van a la escuela tratan de ocultar su otra vida para no ser marginados por sus compañeros de pupitre.“¿Por qué hay niños trabajando en las minas?”, le pregunto al guía. “La ley dice que está prohibido el trabajo infantil, ¿no es cierto?”
“Sí, pero ha de haber libertad; si los niños quieren trabajar no se les puede impedir”, me contesta.

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